Por Emiliano Roa
Buenos Aires,
mayo del 2000. Historia.
Instancias finales de la Copa Libertadores. Partido decisivo.
Clásico de clásicos. Como no podía ser de
otra manera, volvió a ganar el que no podía perder.
Boca volvía a demostrar porque tiene el lote de "papa"
y lo dejaba muy claro. Tres a cero. Gaste, delirio y afonías
multiplicadas. Centro de "topo" Roman, gol del "chelo"
Delgado. Penal al "seba" Battaglia, gol del mismo Roman.
Gambetas sin movimiento de Martín, gol de Palermo... ya
estaba, que más.
¿Tres a cero? ¿Quién lo diría? Quien
dudaría, si siempre es, fue y será lo mismo. La
historia se volvía a repetir. Esa misma historia que se
hace presente en cada clásico.
¿Ya estaba, que más? En ese momento nos tendrían
que haber dado la copa. Sin dar muchas explicaciones. No tenia
sentido seguir... Ese día comenzaría lo que la historia
va a recordar como "El Día de la Paternidad Bostera".
Por suerte ese día lo pudimos vivir...
Buenos Aires,
junio del 2000. Desilusión.
Ya había quedado afuera river. Eso es lógico. Pasaron
los Mexicanos. Sufriendo. Como siempre, si nuestra alegría
nunca es total sin que antes nos toque el timbre el sufrimiento.
El otro finalista: Palmeiras. Equipo Brasileño, con todo
lo que eso significa. Primer partido en la Bombonera. Empate con
sabor a derrota. Desilusión latente. Descontento y descreimiento
a futuro...
Todos hablaban de que ya estaba listo, que no era necesario jugar
un nuevo partido. Que la copa se quedaba en Brasil y que iba a
ser un tramite. Todo el país desconfiaba del destino, menos
los mas creyentes: El Pueblo de Boca.
Brasil, junio
del 2000. Histeria personal.
Había que estar. ¿Cómo hacer con el trabajo?
No era fácil. La lamparita de las ideas se volvió
a encender y salió la frase justa: "Día de
Estudio". Todo solucionado. Ahorros en mano y a pagar el
pasaje.
El avión salía a eso de las 11 AM, con destino a
la ciudad de San Pablo. Mi "día de estudio" no
me permitía salir en ninguna de las cámaras de TV
que esperaban poder captar alguna imagen del embarque. Encapuchado
y escapando, logre subir a ese bendito avión que me/nos
llevaría hacia lo desconocido.
Miles de papeles volaban por el aire ni bien nos enteramos que
aterrizamos en la tierra prometida. San Pablo, a esta altura,
ya veía como se llenaba el aire del aroma Azul y Oro. Cada
uno a su micro y al Morumbi.
Un trayecto de 2 horas, que fueron 5. ¿Miles? no, millones
de autos y autos que iban y venían. Previo paso por el
hotel, donde recogimos las entradas y la custodia que nos llevaría
a la cancha.
Verde, todo verde. No se veía otro color. Descontrol verde,
que nos llevo a perder la custodia y los demás micros de
la caravana. Quedar solos, a esta altura, era peligroso. Por suerte
llegamos sin rasguños ni fisuras.
Impresionante estadio el Morumbi. Grande por donde se lo mire.
Vestido de verde y blanco. Solo un puñado dentro de la
inmensidad, distorsionaba la visión en un Azul-Amarillo
furioso. Cinco mil almas que no dejaron de cantar ni en el entretiempo.
El "y dale Boca, dale", calo hondo en los corazones
de los 11 leones que habían salido al ruedo. Merecíamos
ganar en los 90, pero dios quiso que volvamos a sentirnos una
vez mas bosteros de ley: sufriendo. Llegar a los penales ya era
una hazaña.
Gigante Cordoba, sin prisa Bermúdez y el descontrol anímico
posterior, nos dejo sin aliento y sin voz. CAMPEONES DE AMERICA!!!
Llantos, palpitaciones a 1000, descontrol descontrolado... pasión
y gloria. La copa, la vuelta, el festejo, la vida... Que más
me podría importar?
Mi "día de estudio!!!" por dios, de eso me olvidaba.
Tenia que volver a laburar y me encontraba a 8 horas de ese acontecimiento,
en San Pablo en una cancha de la que no podíamos salir.
NO!!! que hago?
El micro estaba en la salida. Mas bien, 60 micros esperaban. El
nuestro justamente era el ultimo. Llegamos a aeropuerto y la primera
noticia que recibimos era que: por el momento no saldría
ningún avión por la inmensa neblina que reinaba
sobre San Pablo. Que bueno!!! y ahora que hago? ¿De que
me disfrazaba? Como le explicaba a mi jefe que mi día de
estudio todavía seguía. Que me fui a estudiar a
Brasil?
A mí alrededor el clima era el mejor. Eran las 5 de la
mañana. Todos cantando, comiendo lo que se cruzara en el
camino. Afónicos gritos de éxtasis. No importaba
nada mas, excepto que la vida continuaba. Me dirigí nuevamente
a la bendita ventanilla en busca de la respuesta que encontré:
están embarcando.
Buenos Aires,
junio del 2000. El regreso.
8 de la mañana en Ezeiza. Descontrol Bostero. Gente saltando,
gritando con la poca voz que les quedaban. Llantos, abrazos. Vida.
Mi vida continuaba. A las 10 de la mañana entraba a la
oficina, como un día mas, pero no cualquiera. Había
terminado de vivir, el día más feliz de mi vida.
Mi "día de estudio".
EMILIANO
GASTON ROA