Era
el partido esperado no solo por los simpatizantes de ambos equipos
sino por todos. El encuentro que definía el campeonato.
A matar o morir. Conseguir una entrada costó demasiado.
Pero más costó llegar hasta Avellaneda. Salimos
desde muy temprano con otro fanático de Boca (Quique) desde
Bella Vista, Bs. As. Tuvimos que hacer combinaciones de tren,
subte y hasta taxi. Justamente este último nos dejó
muy lejos de la cancha (porque el acceso de la autopista estaba
cortado), más precisamente, cerca de la sede del rojo.
La entrada a la cancha costó mucho por la cantidad de gente
que había. Por suerte llegamos con tiempo a la tribuna
que entre otras cosas no daba a vasto (12 mil personas!!!).
El primer tiempo era una alegría y una fiesta impresionante,
más que nada por el gol de Guillermo que ponía a
Boca puntero. El segundo, pese a la ¿suerte? Que tuvo el
equipo local continuó la fiesta, pero la alegría
había quedado lejos. El partido concluyó y a los
10 minutos comienza a haber incidentes entre la policía
y la hinchada xeneize. Pero, gracias a la fortuna quizá,
nos fuimos apenas finalizó el encuentro, esta vez volviendo
por el camino correcto pero con el sentimiento herido.